El COVID-19 no mató por igual en el Perú: el 70% de la fuerza laboral informal, obligada a salir a trabajar para subsistir, sufrió la mayor mortalidad. Según el Banco Mundial, la desigualdad estructural convirtió la pandemia en tragedia de clase. En Peru 221,067 fallecimientos hasta mediados de 2023. La pobreza operó como un determinante estructural que amplificó la exposición al contagio, limitó el acceso oportuno a servicios de salud y, en consecuencia, contribuyó significativamente a las elevadas tasas de mortalidad por COVID-19 en el Perú.